Islandia somos todos

Catarata de GullfossEl país ideal. En agosto de 2008 tuve la suerte de pasar dos semanas de vacaciones en Islandia, un país pequeño en población pero enorme en tradición cultural, en el que los volcanes, los glaciares y la fuerza de sus cataratas han creado un paisaje de una belleza natural impresionante. Mientras preparaba el viaje, devoraba toda la información que caía en mis manos y todo cuanto leía era maravilloso.

Esta nación de origen vikingo, a medio camino entre Europa y América, había pasado en 50 años de ser un país pobre, que sobrevivía gracias a la pesca, a encabezar las clasificaciones de los Índices del Desarrollo Humano de la ONU y su sistema conómico, social y educativo era una referencia mundial.

El viaje me marcó profundamente y los quince días me supieron a muy poco, aunque teniendo en cuenta el coste de la vida, menudos cochazos circulaban por Reikiavik, y que una cerveza en un bar costaba seis euros, ya estaba bien. Pero la sorpresa más impactante, la tuve ya en Barcelona, tres semanas después de regresar de Reikiavik:

Islandia estaba en bancarrota. La corona islandesa se había devaluado en un 400%, el Reino Unido y Holanda interponían demandas contra el país para cobrar la deuda provocada por los bancos y el gobierno suplicaba ayudas del FMI y préstamos de Rusia para salvar los muebles.

 

¿El país se hundió en solo tres semanas? Obviamente, la respuesta era: “No”. Desde ese momento empecé a seguir la actualidad islandesa y a informarme. Como explica de manera escueta y precisa el documental Inside Job, el país se empezó a hundir hace once años, justo en el mismo momento en el que iniciaba su principal fase de crecimiento económico y se convertía en una potencia.

A principios de los 90, con David Oddson como primer ministro de Islandia, el país seguía la estela neoliberal de Reagan y Thatcher. En el año 2000, Islandia empezó a desregularizar su sistema bancario. Con el apoyo y la participación de algunos grupos empresariales, las tres principales entidades bancarias del país (Glitnir, Kaupthing y Landsbanki) empezaron a embarcarse en operaciones financieras de alto riesgo. Geir Haarde, que en el año 2006 sucedió a Oddson, alardeaba por todo el mundo de su gran  gestión y de la salud de la economía islandesa, mientras estos iban acumulando una escandalosa deuda de 100.000 millones  de €, diez veces mayor que el PIB de Islandia. En septiembre de 2008, la burbuja estalló y el gobierno islandés tuvo que responder por los bancos.

 ¿Cómo puede ser que nadie se diera cuenta? Seguro que te lo estás preguntando. En Inside Job también se revela que en 2007 las agencias de valoración de riesgo consideraban que los bancos islandeses eran tan seguros y fiables, que merecían una valoración AAA, la máxima puntuación. Ese mismo año, la Cámara de Comercio Islandesa encargó a un economista de prestigio, el estadounidense Fred Mishkin, un informe sobre la economía islandesa. El estudio hablaba de la gran estabilidad del modelo económico islandés y el especialista se embolsó 140.000€ por su elaboración. Gracias a la desinformación, los ciudadanos vivían en una nube, del mismo modo que en otros países vivíamos en una “burbuja inmobiliaria”.

La indignación. Hasta los volcanes han entrado en erupción enviando nubes de ceniza hacia el continente ante lo injusto de la situación. La indignación es lo único que les quedaba a los ciudadanos, que salieron a la calle a protestar de manera pacífica frente al Parlamento, donde estaba el gobierno que dio carta blanca a los banqueros.

Los actos de protesta pacíficos y las asambleas surgieron efecto y consiguieron provocar la dimisión del gobierno en noviembre de 2009. Un año después, los tribunales islandeses empezaron a tomar cartas en el asunto y encarcelaron a algunos de los banqueros y directivos de las entidades financieras. Hace escasamente una semana se ha hecho oficial que el ex primer ministro islandés Geir Haarde deberá comparecer ante los tribunales. Los islandeses luchan para que el país sea de la gente y no de los bancos.

¿Quién paga? Lógicamente todo el dinero no era de los islandeses, mucho provenía de inversores del Reino Unido y Holanda. Estos países, junto con Islandia y el FMI, ayudaron a reembolsar los ingresos a los inversores afectados, pero ambos consideran que Islandia es el único y último responsable y por lo tanto quien debe pagar. Por ello, para saldar la deuda, cada ciudadano islandés debería pagar 40.000€ más intereses en un plazo de 15 años.

Desde entonces ya se han celebrado dos referéndums para decidir aceptar o rechazar hacerse cargo de la deuda. En ambas ocasiones, el pueblo islandés ha dicho “no” a cargar con la culpa de lo que los banqueros derrocharon y malversaron. Esto dificulta en gran manera su adhesión a la Unión Europea, lo que también perjudica la economía del país, pero es de una coherencia aplastante.

Poner cara a los responsables. En su charla del 11 de Junio en la Pl. Catalunya de Barcelona, Gunnar Sigurdsson, fundador del Foro Abierto Cívico de Islandia, y Gudmundur Andri Skulasson, de la Asociación de Islandia de Deudores contra los bancos, estuvieron hablando de la situación crítica del país y de la gestación de esta revolución pacífica. Sigurdsson dijo que además de “permanecer unidos”, es esencial “dejar de hablar de “sistema bancario”, “los políticos” o de los “banqueros” y poner nombres y apellidos a todas estas personas”.

Precisamente esto es lo que hizo un periodista islandés, Egill Hellgasson, hace un par de años, publicando una lista de algunas de las “heroicidades” de algunos personajes vinculados a estas entidades. Por ejemplo, Jon Asgeir Johanesson, principal accionista del Banco Glitnir y del grupo empresarial Baugur, abrió en 1998 su primer negocio, un supermercado “Bonus” en Reikiavik. Diez años
después poseía un jet privado, un yate y dos áticos en Manhattan valorados en 25 millones de dólares. Para la fiesta de fin de año, el banco Kaupthing contrató a Duran Duran y a Tom Jones para amenizar la velada. Björgólfur Guðmundsson, expresidente del Landesbanki, compró un equipo de fútbol inglés, el West Ham United. La lista es larga y sigue aquí (en inglés).

El dinero que estos señores gastaron en meras diversiones, serviría para cubrir la deuda de muchos de sus conciudadanos. Los tribunales internacionales deberían tenerlo en cuenta para tomar sus decisiones.

Ahora. Las crisis también son oportunidades para renovarse y, como explicaba Sigurdsson, los islandeses lo están aprovechando para unirse y luchar para reformar el sistema, cambiar la constitución y enfrentarse a los recortes en cuestiones sociales.

Uno de los proyectos que simboliza la transformación del modelo islandés es la creación de la Icelandic Media Society, de la que habló la periodista chilena Angela Precht en su charla “La respuesta islandesa a la crisis” el pasado mes de mayo. Con ello se pretende crear el principal banco de información mundial, para garantizar la transparencia, la seguridad y la libertad de prensa.

Si en un país donde viven 320.000 personas pudo pasar todo esto ¿qué se cuece en uno de 50 millones de habitantes?

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9 pensamientos en “Islandia somos todos

  1. Hola, Jordi. Gracias por condensar tan bien el caso islandés. Respecto a lo que está pasando en España, yo estoy muy ilusionado y estoy participando en el movimiento 15M en la medida de mis posibilidades, que suelen ser las que me deja el trabajo, pero también hay que saber en qué país vivimos. Dudo mucho que, en Islandia, políticos corruptos consiguieran mayorías absolutas, como aquí. Qué narices, dudo incluso que se les permitiera presentarse a las elecciones o desempeñar cargos públicos. Aquí hay todavía mucha gente que consiente estas prácticas y que no quiere cambiar el sistema, confía en que la situación se arregle para poder volver a vivir a todo trapo y por encima de sus capacidades económicas como antes. Yo creo que es cuestión de tiempo que buena parte de ellos despierten, pero va a costar.

  2. Buen post Jordi. También estoy de acuerdo con lo que comenta Jota. Parece que alunas reformas van más encaradas a situarnos de nuevo en un plano anterior al de la crisis y no a solucionar los abusos y desbarajustes que ha provocado la abaricia de algunos irresponsables. Aquí somos muchos y sería difícil ponernos de acuerdo y decirle un gran “jódete” a algunos interesados (léase agencias privadas como Moody’s , banqueros, empresarios, etc, etc) pero procuremos que no nos tomen el pelo otra vez. Nos vemos el domingo.

  3. ¡Saludos, Jota y Dino! Gracias por vuestros comentarios. La verdad es que estoy muy de acuerdo con las cuestiones que habéis planteado. Creo que hay que aprovechar la chispa del 15M para empezar a tomar conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor y adoptar una actitud más crítica y participativa.

    En España el tema de los casos de corrupción es un escándalo, los recortes que se están introduciendo penalizan sobre todo a la clase trabajadora, y lo que pretende hacer el gobierno catalán con la famosa “Llei Òmnibus” es un atentado a la democracia. Parece que muchos no entienden que volver al mismo estado en el que estaban las cosas antes de la crisis, es volver a empezar el mismo ciclo.

  4. Sin duda, hay que cambiar de mentalidad, tambien estoy de acurerdo en lo que a chispa para consciencias adormecidas que ha representado el 15M en general.

    Ahora bien, soy de la opinión que lo que ha pasado durante esta semana deberia llamar a la reflexión y a una autocrítica que me temo que no va a llegar…

    Me encantaria saber cuál fue el paso de movimiento asambleario a organización para conseguir los cambios que sucedieron en Islandia, que obviamente tambien serian necesarios y extrapolables en nuestro país. Para empezar veo que son señores con nombres y apellidos y ellos mismos nos instan a ponerle nombre tambien a los malos de la película algo de lo que adolecen por ahora “nuestras” protestas y en lo que no puedo estar mas en desacuerdo por lo ocurrido.

    Ayudaria a discernir, acertar en el tiro y no ofender a gente que si ha trabajado para nosotros y en contra de otros…ah y desde hace un montón de años!

  5. ¡Saludos, Decano!
    Es complicado extrapolar las soluciones de Islandia, 320.000 habitantes, a otros países, pero sin duda debería servir de fuente de inspiración.

    En el siglo X, los islandeses fueron los pioneros en la creación del Althing, un órgano de gobierno base del modelo parlamentario actual, y que otros países han tardado siglos en adoptar. Así que no estaría mal seguir el instinto del pueblo islandés en lo que a cuestiones políticas se refiere.

    En Islandia se han necesitado prácticamente dos años para llegar a la situación actual. Las protestas espontáneas de los sábados frente al Parlamento de Reikiavik, derivaron en la organización del movimiento Voces del Pueblo. Así se promovió la idea de crear una Asamblea Constituyente formada por 25 ciudadanos representantes, elegidos de entre 523 candidatos mediante un proceso de democracia directa.

    Además, para la reforma de la constitución se está utilizando un proceso de “crowdsourcing”, en el que todos los ciudadanos pueden contribuir con sus propuestas mediante las redes sociales y otros medios tradicionales.

    Con respecto al 15 M, en primer lugar creo que lo primero que hay que tener es paciencia, los resultados no llegarán mañana.

  6. Capcuriós, simplemente interesantísimo lo que cuentas de Islandia, y con tu comentario posterior 1000000 veces mas interesante!

    Lo del número no deberia ser muy importante teniendo en cuenta que Atenas al fin y al cabo tenia unos 7000 habitantes cuando inventaron la democracia, supongo que a nivel organizativo y participativo es mucho mas fácil en una población pequeña, ahora bien como dices no estaria mal utilizar todo lo que sea viable utilizar en un futuro que deberia ser lo mas proximo posible…

    Un abrazo! Gran post my friend!

  7. Gracias por los cumplidos, Decano.
    La verdad es que Islandia es un país muy peculiar. Si te apetece descubrir más curiosidades sobre la cultura de este país hay un libro de viajes muy recomendable del escritor y periodista catalán Xavier Moret “Islàndia, l’illa secreta”.
    ¡Un abrazo!

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